El yoga es una práctica, esto indica que requiere acción, compromiso y repetición. Y puesto que yoga se aplica a varios aspectos del ser humano, se convierte en un estilo de vida.
Hay preguntas que no tienen respuesta, o que podrían tener muchas.
Algunos creen que se trata de una actividad física para ganar flexibilidad, otros una práctica acrobática, una práctica meditativa o una práctica espiritual, y así un largo etcétera.
Lo que está claro es que es una práctica, esto indica que requiere acción, compromiso y repetición. Y puesto que yoga se aplica a varios aspectos del ser humano, se convierte en un estilo de vida. No quiere decir que no te puedas beneficiar de ello si comienzas enfocándote más en la parte física, de hecho muchos lo descubrimos así. Pero la realidad es que la finalidad del yoga no es hacernos más flexibles o fuertes por fuera, de nada sirve entrenar el cuerpo físico si dejamos que nuestra mente lo controle.
A través del cuerpo consciente accedemos a la mente, las asanas o posturas son herramientas que actúan de manera someto psíquica: del cuerpo hacia la mente. En yoga trabajamos el cuerpo para poder sostener la incomodidad física, mental y emocional que muchas veces trae el presente, generando estabilidad y autoestima.
El yoga requiere acción, compromiso y repetición.
Ocho pasos del yoga,
Los yoga Sutras de Patanjali:
(1) Yama: contiene principios éticos y reglas para vivir en sociedad.
(2) Niyama: describe las disciplinas individuales y actitudes hacia uno mismo.
(3) Asana: posiciones del cuerpo para equilibrar la energía, generando estabilidad física mental y emocional.
(4) Pranayama: técnicas de respiración para acceder a estados más profundos de conciencia y regular el sistema nervioso.
(5) Pratyahara: consiste en retirar los sentidos de los objetos externos, privandolos de lo que los alimenta, para ayudar a la mente en su búsqueda interna.
(6) Dharana: técnica de concentración en un aspecto fijo.
(7) Dhyana: meditación sin aspecto fijo, la mente observa su propio comportamiento.
(8) Samadhi: el objeto de meditación absorbe al meditador y se pierde la consciencia de uno mismo, generando la unión de sujeto y objeto, y cesando las fluctuaciones de la mente.